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Chiostro

La vida monástica tiene un solo sentido: buscar a Dios con humildad y perseverancia, en su Hijo Jesucristo, por el Espíritu Santo.

Esta búsqueda se concretiza visiblemente en la estructura de un Monasterio, situado en un lugar solitario, en la vida de una comunidad reunida por Dios, que quiere vivir según el evangelio, según lo indica la Regla de San Benito.

El monasterio entonces se transforma en una escuela en la que se aprende a buscar a Dios, sin anteponer nada al amor de Cristo. Respondiendo a la voz de Dios que lo invita a la Vida, el monje se dona totalmente, viviendo en la obediencia al abad y a los hermanos. La conversión del corazón le pide de escoger cada día la ascesis de la humildad, para tender por ella a la gozosa plenitud del amor. La renuncia a sí mismo se encarna en la decisión estable de adherir para siempre a la vida de la propia comunidad monástica.

 

La oración continua, que caracteriza la vida monástica, se expresa en algunos elementos fundamentales:

  • El sacramento de la Eucaristía: surgente de la gracia redentora de Cristo, centro y cumbre de la Liturgia. Por la Eucaristía los monjes se unen indisolublemente con Dios y entre ellos.
  • La alabanza de Dios: con el canto de los salmos, eleva en nombre de la Iglesia la súplica, el deseo, el sufrimiento y el himno de acción de gracias de todos los hombres. En este modo las horas del día, las vigilias antes de la aurora, como también los ritmos del tiempo y las estaciones convergen en la única celebración del misterio de Cristo.
  • El clima de silencio reclama a la vigilancia del espíritu, y ayuda a permanecer en la memoria de Dios, en comunión con todos los hermanos.
  • Conocer el misterio de Cristo, la historia de salvación en la cual Dios pone al hombre, nutre el deseo del corazón e inspira la respuesta del don total, gracias a la escucha de la Palabra de Dios y a su meditación, en los tiempos de lectura o de diálogo comunitario.
  • La realidad del trabajo, realizado con las propias manos, permite a la comunidad de ganarse el pan y de compartir auténticamente la ley del trabajo, el cual templa la persona en el don de sí y en el esfuerzo de integración responsable con los hermanos y da al monasterio un carácter pobre, simple y hospital.
  • Toda la jornada está organizada en modo de favorecer el compromiso de toda la persona en el único servicio de la voluntad de Dios, en el lugar que Él ha preparado para nuestra alegría y salvación.
  • Imagen de la Iglesia, la comunidad monástica es lugar de comunión y de oración con todo el pueblo de Dios, sirviendolo en la humildad y en el secreto del seguimiento de Cristo.
  • Con toda su vida, el monje responde cada día a la gracia de la salvación operada por Cristo, cargando la propia cruz, para llevar a cumplimiento con Él lo que todavía falta a su muerte y resurrección. En el corazón del misterio de la fe, el humilde sacrificio del monje, vivido en nombre de Jesús, está a la raíz de la vida y de la fecundidad de la Iglesia. La separación del mundo, sin responsabilidades de obras de apostolado, contribuye a la concentración de todas las fuerzas de la persona en la búsqueda de Dios y en el ofrecimiento simple e incondicionado de la propia vida en las manos del Padre.

 

 
3.15 Levantarse
3.35 Vigilias - Oración - Lectio Divina
6.30 Laudes - Misa
Capítulo
8,45 Tercia - Trabajo
12 Sexta - Almuerzo
14 Nona - Trabajo
16,15 Fin del Trabajo - Lectio Divina
17,15 Vísperas - Oración - cena
18,45 Lectura de Completas
19,00 Completas - Reposo

 

 

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